"¿Nada que decir? Eso es lo que pensaba cuando redacté mi última columna para Expansión, que no había nada más que decir sobre la Gran Recesión que fuera novedoso o relevante. Aunque al final de la columna abría un portillo diminuto a la posibilidad de decir algo, sigo pensando que una buena dosis de comedimiento verbal no vendría mal a la salud pública ya suficientemente asustada por el presunto mal posicionamiento de la economía española ante la posible recuperación."