"Ayer por la tarde asistí a un bautizo en la parroquia de la Santísima Trinidad en Altamira, un barrio de Bilbao desde el que la perspectiva del bocho es sorprendentemente diferente de la que tenemos los que, para hacernos una idea, solo se nos ocurre subir a Artxanda. Lo pude comprobar mientras mataba el tiemo fuera del templo a que llegara el cura y comenzara la ceremonia. Pero una vez dentro no pude atender como dios manda a las lecturas o a la liturgia del sacramento pues quedé mesmerizado por la alegoria pictórica que me contemplaba desde detrás del altar: la Trinidad de los hombres en la Tierra."