"El otro día en el metro oí dos frases que, a pesar de su simplicidad, me impresionaron tanto que se me quedaron grabadas. Decía la voz de un jóven maduro, dirigiéndose a otro que yo no podía ver ni siquiera en el espejo del cristal de la ventanilla: > "si en vez de dedicarte a cosas importantes pero sin interés, te dedicaras a cosas interesantes sin importancia, habrías leído mi post de hoy... Y en ese punto se paró el metro y el jóven maduro pareció haber abandonado el vagón."