"Yo no soy de Madrid y no tenía ni idea en donde estaba el cementerio de San Isidro. Cuando por fin lo hemos encontrado, he dejado a mi mujer en la puerta con sus familiares que esperaban al féretro que se acercaba con solemnidad fúnebre desde el tanatorio y yo he tratado de aparcar. Para cuando he vuelto a la puerta del cementerio, después de un rápido paseo contemplando la extraña belleza del perfil insólito para mí de esta ciudad africana, ya no había nadie, así que me he adentrado en el laberinto sin ayuda de ningún virgilio."