"Es lo que siento cada mañana cuando diariamente me cruzo con un conserje de finca urbana que charla con la kioskera o descanasa ya sentado en un banco del margen izquierda o da palique a algún vecino que se aventura a sacar la nariz al aire libre. Siempre viste una camisa azul pálido de manga corta. Nos solíamos mirar y al principio, hace muchos años, pensaba yo que acabaría dándole los buenos días lo mismo que hago con un aparcacoches unos metros más abajo pero esto no ha ocurrido ni ocurrirá."