"La estética contemporánea se identifica por dos elementos diferenciales; su carácter de juego participativo y su focalización en una crítica de los fundamentos de comprensión del mundo (de la “distribución de lo sensible”, en terminología de Ranciére). De acuerdo con esos criterios, el movimiento 15-M tiene una marcada sobredosis estética. No solo ha logrado encauzar el sentido participatorio de unas generaciones hasta hoy marginadas de lo político, sino que ha cautivado su imaginación."