"La prolongación de una calle de lo que entonces era todavía el extrarradio, estrechó significativamente el campo de fútbol de mi colegio, un terrenito de grava que, además, siempre había estado escorado hacia el norte. Entre la angostura y la inclinación no era raro que los pases largos que los extremos veloces efectuábamos con gran belleza plástica a imitación del juego inglés de nuestro equipo local acabaran en esa prolongación de la Alameda de Urquijo. ¡A la de tres penalty!"