"A la vuelta de Paris ya no hay distracciones y comienza a internarse en un camino cuyo fin le es desconocido: escribir un discurso en unos 28 días. Pero un discurso muy especial pues sus dos amigos le dicen que , además, de las cortesías de rigor, debe glosar su obra haciendo referencia a la del académico que ha de sustituir. Lo conoce lo suficiente como para que esa obligación no le resultara muy pesada si no fuera por la inanidad de esa su llamada «obra», casi tan poco fértil como la suya propia, se dice entre sonriente y crispado."