"Extrañas sensaciones después de varios días de convalecencia. Es cierto que la presencia de la piedra no se deja notar gracias a mi gusto recobrado por el rock-and roll que, ejecutado en solitario después de un paseo matinal alrededor de la piscina con la mente en blanco y contando pasos como un metrónomo, pues no me atrevo a salir de casa de buena mañana en ausencia de testigos, obliga a mi piedra a cambiar de posición eliminando algunos de los síntomas más llamativos. Sí eso es cierto, pero también lo es que he ido descubriendo pequeños puntos en el bíceps y en el tobillo de sangre coagulada que bien pudieran ser los vestigios cuasi invisibles de su ataque alevoso."