"Hablar sobre terrorismo directamente es imposible porque su sola evocación nos aterroriza de modo tal que nuestra palabra está ya mediatizada; porque hablar de ello exige, aunque solo fuera retóricamente, entenderlo y eso es como una traición a las víctimas inocentes que necesaria y arbitrariamente acarrea consigo; y porque por debajo del más encendido discurso antiterrorista hay una aceptación implícita de que el terrorismo vence siempre, si no en lo accesorio, sí en lo fundamental. Debería pues optar por el silencio, o en su defecto, adoptar un lenguaje oblicuo e indirecto que me permita al menos justificar mis afirmaciones anteriores. Me arriesgaré a esto último, seguramente porque como ser hablante no tengo más remedio que intentar la puesta en circulación de nuevos juegos del lenguaje de esos que hablaba Wittgenstein."