"Como ya comenté aquí hace unos días, ayer miércoles asistí a el homenaje al Camarada Javier Pradera, título este último de la biografía de Santos Juliá que, parece ser, no es sino el comienzo de una labor de recolección de muchas y variadas piezas escritas que Javier dejó terminadas o a medio elaborar y que algún día verán la luz gracias al esfuerzo de su viuda y numerosos amigos duchos en esto de la edición o del pensamiento político. El acto de ayer me hizo meditar sobre dos cosas. La primera es esa tonta manía que tengo de tratar de caracterizar a los grupos humanos y de clasificarlos en alguna categoría a la que yo tampoco pertenezco."