"Hace ya algún tiempo Alberto Corsín excitó mi curiosidad al contarme, a mí y a otros amigos, el estudio de campo que, como antropólogo, había llevado a cabo entre los arquitectos movilizadores de esta experiencia urbana que ha dado en llamarse Campo de la Cebada. El lo contaba como un ejemplo de lo que los arquitectos, con escaso futuro inmediato, eran capaces de hacer una vez que se reinventaran a sí mismos. Pensé que tenía que ir a ver con mis propios ojos este experimento de convivencia de barrio ubicado en un descampado relativamente reducido entre el mercado tradicional del mismo nombre y el conocido Teatro de la Latina."