"Ya es el segundo día que los técnicos de una contrata municipal cierran la calle del garaje de mi casa y parecen dedicarse a limpiar las alcantarillas o el pozo séptico de todo el barrio, pero yo me creo el único perseguido. No tanto por el hecho de que no puedo sacar mi coche sino sobre todo porque imagino que la porquería que subyace a mi casa debe ser tan intensa y pestilente que nos obligarán a dejarla por unos días mientras hacen un lavado intestinal a mi subsuelo y nos vemos obliogados a vivir en un hotel. La cuestión se torna no solo incómoda sino ya peligrosa una vez que he dscubierto que la falla de San Andrés cruza mi amplio dormitorio."