"He vuelto a casa el fin de semana y así, como de paso, me he librado del infierno de Madrid, donde no quedan sino perros y niños igualmente tratados desde la distancia que permite la correa, con la misma displicencia por madres deseperadas, dueños arrepentidos o criadas aburridas. Antes de salir hacia Euzkadi todavía tuve que resistir la visión de hombres con la cabeza cubierta con exóticos tocados. Para protegerse del sol supongo."