"Hace unos días escribía sobre el deseo de destrucción que de vez en cuando me ataca, especialmente cuando creo percibir una cierta sacralización de la cultura del pasado en medio de un período social y económicamente difícil. A los casos allí mencionados hoy tendría que añadir el caso de los restos de Cervantes en el convento de las Trinitarias que solo ha servido para subrayar los límites de la ciencia, abrir el apetito de los que esperan ganar algo convirtiendo ese convento en un lugar de peregrinación turística y una protesta débil por parte de filólogos o críticos literarios que con pudor nos dicen que lo que importa son sus obras y solo sus obras. Este episodio me ha traído a la mente algo que escribí hace unos dos años sobre una posible distinción entre la descomposición del mundo que nos gustaría que fuera el nuestro y a la que asistimos casi a diario, según muchos posts de El Correo de Las Indias , y algo que denominé desmoronamiento."