"Casi hacían ya cinco años desde mi huida en el timbal y me reincorporaba a España por primera vez con una nueva identidad que se reflejaba no solo en los papeles. También había cambiado mi cara y mi volumen y, desde luego, mis ideas básicas en relación a mi profesión de economista ya que la idea de la verdad no me parecía obvia o fácil de entender ya que, a mi juicio, poco tenía que ver con la correspondencia entre la palabra y la cosa tal como se suele decir entre eonomistas quienes, al menos en esto, siguen la herencia vienesa. Pero también habían pasado cinco años de calendario y había yo alcanzado una edad en la que preocupaciones muy humanas, como la posible descendencia o el matrimonio, resonaban en mi cerebelo y trastocabn mi claridad mental."