"Tengo un amigo que en nuestra juventud se hizo descreído y contaba con gracia que de su conversión al marxismo solo le quedaba la lucha de clases así como que nada creía de su cristianismo originario excepto por aquello de la comunión de los santos. Me pregunto qué diría hoy este amigo si me lo encontrara ahora después de tantos años y hubiera conservado (aunque fuera adormecidas) las poquitas convicciones que le quedaban ya entonces, en aquella época en la que en la trastienda de alguna librería adquiríamos ediciones raras de Marx y en la que estábamos dispuestos a compartir todo en un mundo en el que creíamos entrever, a través de los ojos de algunos frankfurtianos como Marcuse, las inmensas posibilidades de la abundancia en la libertad. Me hago esta pregunta porque, aunque han pasado muchos años desde los finales de los años sesenta y la actualidad, ambos momentos tienen algo en común que debiéramos recordar aunque también haya muchas diferencias reseñables entre esas dos épocas."