"De vuelta de París creí haberme recuperado del brote de paranoia que me hizo huir. Habiéndose ya zanjado la incertidumbre sobre el destino de Sortu a favor de la tesis de Rubalcaba pensé que ya no tendría que preocuparme de decidir cada mañana y cada tarde el camino por el que voy de casa a la oficina o al revés jugando con las dos crescents que se me ofrecen, la primera con la concavidad al este y la segunda, después de cruzar una calle orientada este-oeste, con la concavidad hacia el oeste. Pero hoy, durante lo que creí iba a ser un paseo placentero, he encontrado en esa calle la chatarra irrecuperable de los restos de un coche incendiado."