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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
¿Por qué hay que prohibir las ventas en corto? Una bonita conversación durante un aperitivo en un día caluroso en el Ampurdanet. O bien contamos con buenas razones teóricas o bien lo único que se persigue es un respiro para hacernos con ellas e intentar acumular alguna evidencia empírica (siempre útil) sobre el impacto que esas operaciones hayan podido tener en los acontecimientos bursátiles de estos últimos días.
Incertidumbre sistémica
En esta época del año tan rara en la que los ministros tienen que volver de vacaciones para atender a acontecimientos de orden público imprevisibles, mi propia indolencia ante las paradojas -perfectamente explicables- de la Bolsa, me lleva por caminos intelectuales tan insospechados para mí como los rumores raros que capta mi oído desde hace un par de semanas. Ni sé si hay alguien en la bodega ni tampoco si la pequeña historia urdida por mis hijos sobre un león que entró en casa ayer por la noche es tan incierta como inverosímil. En esta onda disfruté mucho ayer del último artículo de Innerarity y Solana en El Pais.
Mi ventana-espejo
Al enfilar la carreterita que lleva a nuestra casa de Foixà, una casa que no tiene nombre todavía, se ve de frente y sobre la puerta de entrada una ventana vertical cuyo cristal se abre completamente y que protege de caídas estúpidas mediante una T como de Trota, la editorial con el palo horizontal a la altura de la cintura. Cuando está abierta solo se vislumbran un poco los cojines desordenados de un sofá, pero cuando está cerrada y con el estor bajado se transforma en un espejo que refleja algunos aparatos de los tejados de nuestros vecinos hacia el sur así como cables y eslingas de los postes, de la luz o de vaya usted a saber de qué. Esos reflejos aparecen como grúas de puerto o de astillero, un poco desarboladas y semiabandonadas, una reminiscencia del paisaje de la Ría de Bilbao y de sus grúas que lucen en la portada de este blog.
Cuarto aniversario
Todos cuentan a partir de octubre del 2008, pero las cosas comenzaron a torcerse y la Great Moderation a transparentar sus falacias hace ya cuatro años. De ahí que igual pueda ser interesante volver a pensar lo que por entonces se decía aunque, es verdad, no se hablaba explícitamente de crisis. Pero las dudas y algunas decisiones significativas estaban ya ahí.
Helados de leche de mujer
Uno de los organizadores de la Summer School de la FUE de esta año presentó un trabajo que, al tratar de afinar la noción de justicia, comenzába por recordar el tipo de preferencias que Sen ridiculizaba hace muchos años en un papel, The Impossibility of a Paretian Liberal, que en mi juventud expliqué alguna vez en licenciatura. En ese trabajo Sen presentaba lo que parecían preferencias extravagantes que serían observadas con un distanciamiento displicente que justificaba que se les denominata "Nosy Preferences", es decir maneras de ordenar lo que nos gusta que desprenden una cierta pestilecia para narices y espíritus finos y delicados. El resultado del tabajo de Sen era que dada la posibilidad de que eseas preferencias existan, tal comoo exige la universalidad del dominio, nos podemos encontrar con que el criterio paretiano de eficiencia puede ser incompalible con un mínimo liberalismo que permita a cada persona ser los decisores sociales en al menos una materia que les atañe muy personalmente.
Un dragón en el salón
Estaba escuchando el roce de los pétalos de unas rosas cortadas hace unas horas, cuando se ha cruzado un dragón que corría desde el jardín en dirección al interior de la casa.Es casi más veloz que mi mirada y el sonido que emite al deslizarse por el suelo es imperceptible a no ser que nada se mueva en muchos metros a la redonda. Como era de noche, Can Quel estaba ya cerrado y nadie jugaba al futbolín, se cofundía el silencio con el aroma que juraría llegaba del lejano golfo de Rosas o quizá de las islas Medas. Nos hemos mirado, el dragón y yo, y creo que nos hemos dicho que tenemos nombres que nos sobrepasan.
Foixà
El viaje fue menos peligroso que lo que se anunciaba. La operación especial no acababa hasta la medianoche por lo que era de esperar que algunas carreteras pudieran estar colapsadas por los que volvían remolones y los que llegaban con la lujuria en los ojos. Pero ni lujuria ni pereza: todo fluido, como en un cuento zen.