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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Parece que la borrasca se va alejando, pero ayer sufrimos una de esas que no se olvidan. Los rayos y los truenos fueron casi constantes y la luz eléctrica se iba y volvía sin ninguna prisa. Si una vez hace años nos quedamos encerrados fuera, ayer corríamos el peligro de no poder salir, pues la puerta para el coche funciona con electricidad únicamente.
Un pragmatismo embriagador
Para hacer de aquel hijo prometedor alguien realmente capaz de llegar a la cima como quería la madre, o de ser una especie de héroe como presumiblemente deseaba el padre, las luces asociadas al francés no bastaban. Era de todo punto imprescindible domeñar el inglés, un idioma que por aquel entonces ya aparecía como el único idioma capaz de hacerse franco y que se asociaba a autores e ideas muy distintas de las acariciadas durante los veranos dedicados al aprendizaje del francés. Sustituir Sartre por Brendam Behan no es solo un pequeño ejemplo cualquiera del contraste entre la cultura francesa y la del ámbito anglosajón, es un verdadero cambio de paradigma, y para Jon representó una sorpresa tan grande que nunca volvió a soñar con llegar a tener una visión definitiva del mundo.
Las luces
El chiquillo de la margen izquierda continuó pasando los largos veranos en la margen derecha en una casita de aquellas de arquitectura local, sita justo detrás de una iglesia muy frecuentada, y desde la que se divisaba una preciosa vista del Abra. Era una casita de dos plant,as la segunda de las cuales era ocupada por la familia de este chiquillo durante más de tres meses, desde San Pedro y San Pablo, a finales de junio, hasta el día de la hispanidad, último día de las vacaciones escolares. Aunque seguía paseándose por la playa y acercándose hacia el área que ocupa el toldo de la familia de Esperanza, comenzó a desarrollar sus propias amistades, que acabaron conformando un grupo de verano no necesariamente relacionado con su grupo de invierno, entendiendo por tal el que se fue formando entre compañeros de curso.
Un interludio económico
En medio del esfuerzo por ir dando forma a la gran novela de Bilbao, título a penas pretencioso, y de terminar de ordenar las entradas que conforman la serie «Hacia un Nuevo Relato», que continúa y cierra, esperemos, Crónica de un Crisis, me permito una distracción para mencionar las últimas malas noticias de la economía europea y la vaciedad del lenguaje de nuestros políticos, forzado, claro está, por los datos aparecidos ayer día 14 y dados a conocer en los periódicos correspondientes a la Virgen de Agosto. Por una vez estoy contento de estar de acuerdo con el columnista del País José Carlos Díez , y recuerdo que su propuesta ya fue señalada en estas páginas al usar como pancarta: inflación y eurobonos. Un interludio económico desarrolla la idea principal.
Penetración
La Ciudad tiene muchos nombres en ambos idiomas, pero todos hacen referencia a que es como un agujero en la tierra, un bocho rodeado de montañas que la aislaron mientras las comunicaciones fueron rudimentarias y le salvaron de algunos ataques bélicos. Este hecho hace que esta Ciudad componga como un sistema complejo que se sostiene hasta que algo externo ocurre y el sistema explota y cambia de configuración. Y esto externo no puede llegar sino a través del mar, entrando en la Ciudad por la ría a partir del Abra, esa especie de laguna en la que se entra o se sale a través del canal que dejan abierto los dos contrafuertes, el que sale desde la margen izquierda, largo y estilizado, y el que se insinúa, corto y gordo, desde la margen derecha.
Historias de Lourdes
Me parece Esperanza que me has metido en un buen lío. Tratando de contar contigo como ayudante de meriendas intelectuales, todo ello en favor de la universidad pública, me has entregado en manos de Lourdes, una viuda joven y rica, pero llena de problemas. No está mal que sea rica, pues esta vida en la que estoy metido, si bien es lo que yo quiero, no me da como para hacer extravagancias que también quiero llevar a cabo por lo menos en aquellos momentos en los que el cariño de mi padres me dejan libre del cuidado de su nieto nacido en LA y sin madre.
Parecido razonable
Como ayer por la noche alguien que sabe mirar el arte me dijo que cada vez me parezco más a Txillida, he cogido confianza en mi recuperada capacidad fisiognómica de la que hacía gala el otro día. Esta capacidad, más la inactividad física en el Ampurdán, me han llevado a descubrir otro parecido que me parece asombroso. Dedico bastante tiempo a la televisión y especialmente a «Amar es para Siempre», la saga de Antena 3, y ahí me he fijado en Antonio Garrido), intérprete del malo Augusto Lloveras.
La sabia guionista de Hollywood
Aunque no coincide con las fechas, yo hubiera dicho que fue el Gran Gatsby la película en cuyo estreno nos encontramos como los dos únicos espectadores sin pareja. Pero no, cuando lo pienso mejor, creo que era una película sobre el cine centrada en la figura de un mogul del séptimo arte relacionado con la Metro Goldwin Mayer y su título quizá fuere el de El gran Tycoon o, ahora lo recuerdo bien, The Last Tycoon, basada en una novela, otra, de Fitzgerald, y con Robert de Niro de protagonista. Supongo que en el descaro de aquellos años de formación, y en mi caso de doma de mis instintos salvajes, fui yo quien me dirigí a ella a la salida del cine de Westwood.
Wir fahren nach München
Sí, efectivamente, mañana por la mañana y muy temprano comenzaremos nuestra escapada a Múnich en dos etapas y en automóvil. Hoy he revisado el coche y parece que todo está en orden. No tengo ni idea por qué abandonamos por una semana nuestro refugio del Baix Empordà y nos largamos a pasear por Cataluña, Francia, Suiza y Alemania, y vuelta.
Yorickeando
Hace ya un mes, la primera vez que vine a estas meriendas intelectuales, llegué a esta zona de la margen derecha concebida para ricos en el automóvil del Decano desde el centro de la Ciudad. Así que no me sabía bien el camino. Aquella fue una ocasión memorable, pues te reconocí en seguida, y me pareció que tú también me reconociste al primer golpe de vista.
En el café
¿Cuánto me harás esperar Esperanza? Como comprenderás, de la respuesta a esta interrogación sencilla va a depender lo que yo vaya a esperar sobre la posible renovación de nuestro viejo interés mutuo. Si es un retraso simplemente coqueto justificado por la dificultad de aparcar es que estamos en la misma onda.
El fútbol en el cuerpo
«Au revoir, Espoire» había sido una manera muy poco afortunada de despedirme de Esperanza el día que acompañé al Decano a aquella primera merienda intelectual en la parte más occidental de la margen derecha. Ciertamente revelaba que ambos recordábamos una infancia ya lejana, pero al mismo tiempo avisaba de mi falta de respeto al poder cuando yo no era allí sino un pobre funcionario del Estado tratando de colaborar con la Universidad Pública en la tarea de levantar un poco de dinero que permitiera ir introduciendo el pensamiento abstracto en aquella sociedad tan rica desde el descubrimiento del mineral de hierro y sobre todo desde la primera guerra mundial. Ambos acontecimientos habían llevado concatenadamente a la formación de instituciones financieras que sabían cómo arreglárselas en aquel ambiente propio de la Ciudad y más tarde en todo el territorio que se llamaba nacional.
