"Empezó en Venecia a mediados de los años 90 y, con un poco de paciencia y lentos paseos por entre canales todavía podría identificar el lugar exacto. Estaba hablando con un amigo y de repente me dí cuenta de que, aunque sabía leer el italiano incluyendo el dalecto véneto, no era capaz, en ese instante determinado, de entender en ningún sentido un cartel de contenido convencional que unos segundos antes había pasado los filtros de mi cerebro. Pensé que era quizá la belleza de Venecia la que deshacía el texto y éste se convertía en una mera colección horizontal de pequeños iconos sin sentido."