"Estamos donde estábamos. Ramón sigue trabajando en la parte de educación del Museo del Prado y yo continúo trabajando como profesor de filosofía en esa universidad casi desconocida del sur de Madrid que ahora no me resulta tan lejana ya que, desde mi nueva morada, no tardo nada en coger un tren en la estación del sur y llegar a un pueblo grande, aunque no lo suficiente como para mudarme a él. Y, además, en estos momentos nada podría mejorar mi estilo de vida con Marian tan próxima en un entresuelo con buenas vistas a los tobillos femeninos."