"Eran ya las dos de la madrugada cuando me acerqué a Herr Kan escuetamente cubierto, o quizá reveladoramente expuesto, por mi bañador turbo rosa. Parecía de día por la luz de la luna a solo dos días del plenilunio y por el calor ambiental a pesar de la hora. Los dos grandes pastores alemanes, pisitófilo y creditófago, fueron incapaces de mirame de frente y cada uno rascaba el grijo con su pata derecha como abriéndome un camino que seguí sin reticencias en parte, supongo, por la comida y bebida recién ingeridas."