"Voy al Rubber a concretar los detalles de la intervención del próximo día 20 y a pedir recetas de la droga que compartimos mi mujer y yo. Como el doctor de familia que me ve y me sigue hace ya muchos años está pasando consulta en ese momento aprovecho la espera para acercarme a la cafetería y acelerar mi deterioro consumiendo un descafeinado con el acompañamiento de mi veneno favorito: churros y azúcar. Como mi estómago los rechaza empleo mi tiempo en observar a mis compañeros de exilio del mundo de los sanos y lo que veo es la repetición múltiple de una última cena de condenado a muerte que ha usado del privilegio cruel de forrarse antes de, en la madrugada, arrastrar los pies de la celda al cadalso o la cámara de gas."