"Hasta este momento, mi vida personal así como la vida que vivíamos en la familia, no eran, ni la una ni la otra, nada heroicas, pero respondían todavía a una cierta sentida obligación de colaborar con los menos afortunados en la conformación de un mundo igualitario y justo, incluido mi periodo bancario. Es después del infarto que nuestra vida social torna hacia el aburguesamiento... Los amigos lejanos a mis actividades académicas se convirtieron en contactos mucho más cercanos y, quizá por una cierta cuestión de edad, en compañeros de un ocio agradable sin ser especialmente lujoso y, más bien, cercano al disfrute del arte en general, siempre en el centro de nuestras conversaciones a menudo relacionadas con comidas o cenas posteriores al disfrute de uno u otro arte."