"A medida que la cara de mi cardiólogo iba tornándose más sonriente, más tranquilo me sentía yo y también menos inclinado a perseguir ese granel que me había acompañado durante años en la esperanza de que de él surgiera algo selecto. La alegría de seguir viviendo me ayudaba a disfrutar de la vida cotidiana y de aquellos amigos que la conformaban. Respecto a éstos amigos deseo mencionar explícitamente la recuperación sorprendente de unos antiguos alumnos de la Facultad de Económicas de Bilbao con los que ya había establecido un cierto contacto durante mi época de profesor y Decano de ese centro."