"Desde finales de marzo no he tenido moral para escribir pues mi espíritu era prisionero de una extraña sensación de que todo se terminaría enseguida. El llamado mal de Paget continuaba cebándose en mí manteniendo el dolor que me proporcionaba a pesar del tratamiento del fisio y de las muchas píldoras antidolor con las que me premiaba. Todo ello hasta que este dolor se vio reforzado por lo que luego resultó ser una piedra y arenillas en el riñón imposibles de expulsar y de lo que tuve de ser operado con anestesia total y en dos etapas."