"Ayer dejé el exilio por un día y volé a mi ciudad a una hora muy temprana. Cuando,como siempre que me levanto a esas horas, me duché exhibiendo mi hombría ante los castaños negros de la noche, observé con un estremecimiento que la luna no estaba donde debiera a pesar de que el cielo no parecía oculto por nubarrones de ningún tipo. Tengo prisa y salgo a la placidez nocturna de mi calle antes de que el taxista toque el timbre y dspierte a toda la casa, pero todavía el taxi, encargado la noche anterior, no ha llegado."