"Ramón cumplió con la parte del plan que le correspondía y, tal como creía Juan, una vez confesado su intento de hurto fue perdonado por el Patronato del Museo y continuó desempeñando su puesto en la sección de ese museo dedicada a la Educación. Ahora me correspondía a mí cumplir con la mía robando un cuadro de mayor tamaño y de un mayor precio en el mercado correspondiente. Esta, sin embargo, no era una tarea sencilla pues esos cuadros estaban generalmente en el corazón del museo protegido día y noche por agentes policiales especializados."