"Por alguna razón desconocida el otoño se alargaba mucho este año y lo hacía de forma preciosa con la luz intensa de las mañanas y el alargamiento de las tardes hasta que llegaba una oscuridad que se me antojaba más transparente que otros años. La vida de Marian y la mía entraron en una envidiable placidez con reencuentros diarios en la hora de la siesta cuando nos encontrábamos en mi entresuelo o en mi bajo y charlábamos cariñosamente intercambiando proyectos de vida conjunta sin exigencia alguna de ir tomando decisiones. Creo que ambos éramos conscientes de que yo tenía que cumplir con mi parte del trato con Ramón, pero ni ella ni yo parecíamos decididos a romper la calma."