"Siempre llega el final de cualquier cosa y no digamos de un viaje o una estancia fuera del domicilio familiar. Pero no siempre llega de una forma como oficial, acompañada de lluvia y una bajada de temperatura tal como ha sido el caso esta vez en Foixà. Si en general este pueblo ampurdanés es silencioso, especialmente alrededor de la Iglesia, un día de esos del final de la primavera no hay nadie por la calle y el sonido de los pájaros se ahoga por los golpecitos sobre los adoquines de las gotas de lluvia."