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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Su tren salía bastante antes que el de Mercedes así que Juan se levantó con sigilo y se adecentó sin hacer ningún ruido innececesario para salir sin despertarle, pagar en recepción, pues la caja estaba todavía cerrada, y tomar un taxi a la estación en donde tuvo tiempo de desayunar algo ligero y prepararse para, una vez arrancara el tren, soñar despierto con la cabeza pegada al cristal y dejando que la imaginación despertara con el día, se adueñara de su mente y le permitiera tratar de ordenar las ideas todavía calientes de la noche pasada. Pero la imaginación es libre y sigue los caminos que realmente le interesan aunque crea que éstos son otros. Le hubiera interesado imaginarse su vida con Machalen como supongo fue la de Nietzsche con Cosima, siempre deseosos de abrazarse, pero sin llegar nunca a hacerlo debido a que ese impulso fue siempre reprimido por presuntos e importantísimos problemas intelectuales.
De vuelta
Entre el esfuerzo que tuve que hacer para tratar de pasar el examen final del primer curso básico de euskera y los tres días libres que luego me tomé en Jávea a donde acudí sin instrumento alguno de contacto virtual, me encuentro como recién llegado a un mundo nuevo que no reconozco del todo. Y me temo que no tengo más remedio que perseguir las huellas que mi yo anterior dejó en algunos borradores de entrada en el blog. Desde ahora y durante todo el verano quiero continuar con la segunda novela en la que se sigue la vida encubierta de Juan el protagonista de El Síndrome del Capataz, pero no me puedo quedar en eso pues también tengo ganas de escribir cosas con enlaces y relativas a los acontecimientos que nos envuelven, especialmente los relativos al mundo de las finanzas en general y de la banca en particular.
Ejes ortogonales
Decidieron quedarse en un hotel cercano a la estación. Mercedes llamó a Ramón sugiriendo que lo hacía desde Ginebra y Juan se interesó por el cansancio de Machalen excusándose de haber decidido quedarse a pasar la noche en Basilea pues había perdido el último tren a Lucerna. Machalen estaba agotada y con voz cansina le despidió recordándole que al día siguiente podría asistir a media mañana al ensayo general a partir del cual, y si todo salía bien, podrían seguir pensando sobre la interpretación musical de su C.V.
En Basilea
La siesta no duró mucho y, como ella no pidió nada más de él, parecía claro que no necesitaba templar los nervios. Se vistió y con un aufwiedersehen casi inaudible abandonó la habitación y en cinco minutos estaría, calculó él, en el auditorio empuñando la batuta. Juan pensó que esto le permitía tomar un tren a Basilea, ver algo de pintura y volver rápidamente para estar en el hotel cuando ella, agotada, volviera para hacer una cena ligera y tardía.
Ravel
La siesta había sido siempre un momento mágico para Machalen y Juan, desde que se conocieron de verdad en Salzburgo hace tantos, tantos años que no merecen ser contados. Así que Juan, después de un alargamiento loco del paseo por la orilla del lago, se aprestó a recibir a Machalen para disfrutar de ese momento después de una ligerísima comidad temprana. Imaginando su ensayo con los músicos de esta orquesta que ella no había dirigido nunca y cómo se habría despedido de ellos hasta media tarde, se disparó su imaginación una vez más en una especie de circumloqio en rededor de Ravel, un gran músico en su opinión y del nunca dejaba de mencionar que era vasco algo reivindicado con especial énfasis por Juan ante Ramón en muchas de sus conversaciones que muy amenudo se dispersaban sobre temas variados y que desesperaba a este último aunque procuraba mantener la compostura.
Gemeinschaft und Gesellschaft
La tarea que me esperaba estos pocos días en Lucerna no era poca cosa ni cosa fácil, así que saqué fuerzas de flaqueza y comencé a pasear, después de un opíparo desayuno con Machalen, por la orilla del lago en la búsqueda de alguna idea que pudiera orientar mis elucubraciones a lo largo del día. Curiosamente lo que vino a mi cabeza, quizá por la influencia de aquel idioma que conocía muy regularmente, fueron dos términos utilizados por primera vez juntos y en contraste uno con el otro por Tönnies: Gemeinschaft y Gesellschaft. Entre divertido y un poco cabreado pienso que estos dos conceptos y las relaciones entre ellos es lo único que aprendí en los tres años que perseveré en la universidad privada de mi ciudad hasta que me largué a Salzburgo a profundizar mis conocimientos de comercio internacional únicamente porque era éste el tema que privilegiaba la fundación Fullbright.
Lucerna
Pero esa invitación tendría que esperar. Se acercaba el final del curso y el comienzo de las vacaciones y es bien sabido que antes de que éstas lleguen todos queremos acabar con los muchos asuntos pendientes. Machalen sabía bien que si en esta su primera temporada no dejaba bien amarrado el programa de la siguiente, al menos en sus líneas generales, el comienzo de la próxima sería un infierno.
