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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
He de confesar, no se si con vergüenza o sin ella, que no tengo ninguna simpatía a los animales, un sentimiento que forma parte de mi rechazo de la naturaleza en general con la posible excepción de algunas flores y de los seres humanos o, hablando con mayor precisión, de algunos pocos de ellos por los que he llegado a sentir hasta algo parecido a lo que entiendo que es el cariño. No he conocido perro que me resulte simpático y cuya compañía agradezca y hasta he llegado de abandonar una perrita a su suerte sin compasión alguna. Los toros no me dan pena ni siquiera cuando en alguna contada ocasión he visto y oído a uno morir delante de mis narices.
Gestos, política y literatura
Quizá deberíamos ser capaces de desentrañar el sentido de una mirada de Schäuble en el Eurogupo o de cómo de fuerte abraza Guindos a Varoufakis en ese mismo foro y, con esas sentidas interpretaciones, construir un borrador sobre lo que creemos está pasando en el pasar en las circunstancias de un mundo con los BRIC opacos o con muchos africanos prefiriendo morir en el Canal Inglés que permanecer en un país en el que no ven ningún futuro o con una capa de corrupción que todo lo cubre. Deberíamos ser capaces de ejercer esta semiótica del gesto, pero como yo no tengo mucha fe en mí mismo en este campo lingüístico, quizá merezca la pena que me entrene un poco observando gestos más cercanos y los ponga todos en una batidora a fin de elaborar una especie de helado veraniego, frío y sabroso. La ikurriña en Pamplona aparece en el balcón del Ayuntamiento con ocasión de los Sanfermines, junto a la bandera europea, la española y la de Pamplona y se organiza un lío explotado por los que se han opuesto año tras año a semejante gesto.
¿Para qué las cejas?
De vez en cuando entro en una especie de trance que trastoca mi percepción. Un ejemplo es esa sensación que a veces tengo, de que los rostros humanos son pinturas o dibujos que transforman los agujeros de la nariz de todas y cada una de las personas en dos toques de pincel o dos machas grises de lápiz. Es una impresión con consecuencias filosóficas pues me quedo aturdido como si pensara en quiénes somos nosotros los seres humanos más allá de una visión de un artista imaginativo.
Identidad vacía
Todos los veranos me ocurre lo mismo. Mis vacaciones de jubilado duran más de un mes y ocurren fuera de la vivienda habitual. En consecuencia tengo que hacer mi maleta de libros eligiendo entre los muchos cientos que recientemente han ido ocupando el poco espacio todavía vacío en el suelo y las paredes del amplio estudio de casa de invierno en donde se amontonan las últimas adquisiciones caprichosas y no pocos títulos adquiridos hace muchos años pero que han sido desenterrados por algún motivo que no siempre recuerdo.
El rostro oculto tras un «paper»
El título de este post es una frase de un amigo al que encontré en el festejo de fin de curso del Aspen Institute Madrid. Le prometí que la utilizaría sin citarle y así lo hago pues me parece que lo merece por la importancia de lo que quiere decir con esa frase de «el rostro oculto tras un "paper"». Desde luego que quiere decir el no estar dispuesto a dar la cara, pero añade un posible motivo para esa actitud.
La provisionalidad
En las últimas semanas he tenido ocasión de asistir a dos actos sociales cuyas formas ne han dado que pensar. En ambos actos los asistentes principales eran gente destacada en su profesión y es esa especialización la que les ha encumbrado dentro de su sector y, a la vez, la que ha hecho de su conversación un simple recetario de obviedades sin ninguna originalidad ni utilidad. ¿Debería retirarme de esta vida que en menos de 15 días me ha enfrentado con mi firme oposición contra esta sociedad en la que no me encuentro bien pero a la cual sin embargo me costaría renunciar?
Un rompecabezas
La Utilidad de lo inútil. Un manifiesto es el título de un librito de Nuccio Ordine que ha editado hace ya tiempo Acantilado y que cayó en mis manos durante un paseo por una librería con aire acondicionado en la que me refugié huyendo del calor de estos últimos días. Lo estoy hojeando antes de leerlo ordenadamente y entiendo que va a ser una crítica brutal de la generalización desordenada del beneficio económico como única vara de medir del sentido de la vida.
La soledad, el silencio y su productividad
Por razones seguramente triviales, pero que desconozco, el teléfono móvil se negó a funcionar el segundo día de las Jornadas de Economía Laboral (JEL) que, organizadas por la Asociación Española de Economía del Trabajo (AEET),se celebraron en Barcelona el jueves y viernes pasados. Como tenía otras gestiones que hacer no acudí a todas las sesiones ya fueran de las denominadas paralelas o a las plenarias programadas. Hubo pues momentos en los que me encontré desubicado y en pleno silencio, extraño en una ciudad tan atareada en la que me encontraba perdido pues no sabía cómo llenar los tieqpos muertos sin posibilidad de conectar con amigos ya fueran éstos de las propias jornadas o ya de los otros «negociados» que me llevaron a esas jornadas sobre un tema del que no puedo decir que se algo.