Juan Urrutia Elejalde Graneles

Cioran

Agotado fí­sica y psiquicamente tomé el viernes pasado, a partir de las 6 de la tarde, como el principio de una cura. Para la lasitud fí­sica nada como un paseo y para el atoramiento psiquico nada como ir de librerí­as. Así­ que me lanzo a visitar alguno de estos establecimientos, bien conocidos, bien nuevos para mí­, con el pretexto de encontrar un determinado libro para el club de lectura de mi mujer.

Cioran

Agotado fí­sica y psiquicamente tomé el viernes pasado, a partir de las 6 de la tarde, como el principio de una cura. Para la lasitud fí­sica nada como un paseo y para el atoramiento psiquico nada como ir de librerí­as. Así­ que me lanzo a visitar alguno de estos establecimientos, bien conocidos, bien nuevos para mí­, con el pretexto de encontrar un determinado libro para el club de lectura de mi mujer.

Entre montones de caprichos que no sé si me puedo permitir, me topo con un libro de Cioran (Desgarradura, Marginales, Tusquets editores, 2004, traducido por Amelia Gamoneda) que no estoy seguro si es nuevo en España o es una nueva traducción de algo ya publicado en aquella época en que se tradujo casi todo gracias, dirí­a yo, a Fernando Savater.

Lo abro como sin interés y me topo con este aforismo:

La verdadera elegancia moral consiste en el arte de disfrazar las victorias de derrotas

Y de resultas de esta idea recuerdo esa frase invertida que disfruto pronunciando y que repetí­ en la celebración del 5 º aniversario del IEP ( Instituto de Economí­a Pública):

De derrota en derrota hasta la victoria final

Naturalmente que la frase está invertida porque el original dice, como pariodando la ridiculez de los belicosos, que ellos van sin duda:

De victoria en victoria hasta la derrota final

Pero Cioran no distingue o privilegia ningún final y eso me ha hecho pensar. Sí­ que me parece elegante disfrazar de derrotas las victorias, pero toda la elegancia se disipa de repente si cantamos victoria en nuestras Memorias o en el lecho de muerte cuando lo único que nos consuela, en uno y otro caso, es haber tenido razón.

Pero si el final es una derrota, y ¿ qué otra cosa podrí­a ser?, no hay manera de disfrazarla de victoria disfrazada de derrota.

Fin

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