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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Parecería que la desigualdad es el único tema caliente en la economía, cosa curiosa por un lado y explicable por otro. La fijación de la atención en la desigualdad tanto de la renta como de la riqueza y en su incremento en los últimos años es, sin duda, algo raro en una situación en la que el crecimiento y el desempleo son tan enormemente diferentes a lo que estábamos acostumbrados en países desarrollados pero, por otro lado y precisamente por eso, los que sufren la recesión en sus propias carnes han de estar escandalizados y con ganas de explotar o de hacer explotar. La conversación generalizada sobre ese tema de moda gravita casi exclusivamente alrededor del libro de Thomas Piketty que, como ya conté, adquirí en enero en la Hune de cerca de La Place Saint Germain en París y al que me he referido varias veces en este blog, la última en este post en el que se puede ver la edición francesa.
¿Culo? ¿Fraternidad?
Viajando desde Madrid hacia Bilbao para pasar el primer puente de mayo y festejar el verdadero dos de mayo, paramos, como casi siempre, en Landa, el único sitio del trayecto en el que sé utilizar el cuarto de baño sin perder la dignidad. Aparcamos a la sombra, pues hacía mucho calor, y a través de la plaza del Templete entramos en el establecimiento de la única forma posible que te enfrenta inmediatamente con la barra de su magnífico bar. Allí estaba con una pierna en el escalón de la barra el culo más atractivo que recuerdo resaltado por unos leggings apretados.
Autoanálisis
Hoy he empezado mal el día. En cuanto he abierto el periódico antes de comenzar mi entrenamiento mañanero me he llevado un disgusto al ver la noticia de que un buen amigo, con un enorme y merecida fama profesional en un campo muy diferente a ese en el que yo me reconozco, iba a estar involucrado en una cierta actividad social de relumbrón. Me digo que mi envidia no se debe tanto al posible relumbrón sino, sobre todo, a un reconocimiento profesional basado en su magnífico C.V..
LXXXI, Arrogancia imprudente
En El País de ayer, sábado 26 de abril, el arquitecto Luis Fernández-Galiano se hace eco de la edición francesa del libro de Piketty, «El Capitalismo del Siglo XXI», para disertar con prudencia sobre el incremento en la desigualdad, tanto de riqueza como de renta, en la mayoría de los Estados del mundo desarrollado. Pocos días antes, el 24, el economista Pedro Schwartz, refiriéndose ahora a la edición en inglés editada hace poco tiempo, repartía sabiduría en el periódico económico Expansión , criticando el contenido de este libro de Piketty. Lo que pretendo mostrar a continuación es que como, además de estos dos artículos y previamente a ellos, ya se ha escrito mucho (incluido lo dicho aquí después de la salida del libro o aquí antes de esa salida) sobre esta obra sobre desigualdad que constituye también un intento valiente de sugerir, siquiera implícitamente, un cambio de marcha en la Economía, la cuestión merece un tratamiento respetuoso como el del arquitecto y no como el del economista, que no destacó precisamente por su prudencia sino quizás justamente por su arrogancia imprudente y siempre brillante.
LXXX, Descentralización regulatoria
En el epílogo del libro reciente de Ignacio Sánchez Cuenca se hace una referencia muy lúcida sobre el trilema de Rodrik: la globalización, la soberanía nacional y la democracia no son posibles simultáneamente, aunque sí lo son tomadas de dos en dos. De ahí que haya que ir tomando posiciones sobre el par que nos interesa. Si bien como economista me gustaría preservar la globalización de los mercados, me resulta muy duro tener que renunciar a la democracia (entendida como ese derecho al voto individual en el que se plasma el gobierno del pueblo más allá de los tecnócratas), por lo que solo me queda renunciar a la soberanía nacional, tratando de montar una democracia mundial.
Ultimas figuras en el linóleo
No basta el recuerdo del cuarto de baño de mi vivienda para volver a imaginar las imágenes que llevo en mi cabeza. Durante este raro ejercicio que ya dura más de siete días he ocupado todas las posiciones a las que he podido acceder sin denunciar mi presencia y con el permiso, por así decirlo, del buen estibador que ha logrado meter en este container casi todos los instrumentos que la orquesta necesita para esta gira que comenzará mañana por la noche. No me queda más que esta jornada que, descontando las horas de poca luz y la segura visita de Aitor, no me va a dejar mucho tiempo para estudiar algunas de las figuras que son originales del linóleo y que me gustaría guardar en la memoria para estos años venideros cuando me entre la nostalgia y rehaga en mi imaginación esta huida de mis propios actos de los que, en cualquier caso, no me arrepiento aunque conducen a la parte más tenebrosa de mi historia de estos últimos meses.
Stendhalizado
La noche previa anunciaba la luna llena del siguiente día, nada menos que el 14 de abril. Desperté pronto, me calcé mis zapatillas de andar y me lancé a confundirme con el paisaje ampurdanés como alguien que querría mezclarse con los demás en la espontánea alegría de las primeras luces de una bonita república.Era muy pronto y el relente refrescaba las verdes hierbas del borde del camino inclinándolas suavemente mostrando así una incomprensible falta de ganas de despertar. Estar despierto ene ese momento era, sin embargo, una bendición o quizá hasta algo más.
Otro ejercicio literario, 4.El concierto de los domingos (cont.)
(Viene de aquí.) Hizo Machalen como una especie de parada en su discurso como para tomar aire, pero yo sabía que esperaba mi respuesta o, al menos, alguna reacción; pero como yo no decía nada, pues nada me sugerían sus recuerdos infantiles más allá de la sorpresa que me producía la historia de una niña que no decía nada de sus padres, ella continuó: > "Y allí estaba yo, en medio de esos hombres mayores, de espaldas a la mesa alargada, con las piernas colgando, los zapatos de domingo adquiridos con crecederas bamboleándose en el aire, y con unos calcetines blancos que me espantaban y procuraba ocultar bien debajo del mantel. Toda oídos a una conversación que entonces me era difícil de entender y que año tras año, domingo tras domingo, se centraba en que «nosotros» no teníamos apenas una última oportunidad y que ellos, es decir «vosotros», habían ya copado todo, que no podíamos sino resignarnos a hacer lo poco que sabíamos: vender caramelos, coger puntos a las medias, fabricar muebles de artesanía sin marca alguna, recibir a hombres jóvenes con ganas de jarana y atenderlos con amabilidad, limpieza e higiene". Me miró como esperando un comentario a este punto último, como para asegurarse de que lo había entendido, y como retándome a que allí mismo cortara la conversación y me diera la vuelta hacia mi territorio.
