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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Que las algas son algo muy raro parece obvio a la luz de lo que de ellas se dice aquí. Peo como yo soy un chico educado en el Cantábrico es como si fueran parte de mi entorno y, de no ser por la exposición de Cristina Iglesias en el Centro de Arte Reina Sofía, no habría reparado en ellas como «cosas» únicas. Y escribo «cosas» porque no sé lo que son dentro de las clasificaciones convencionales.
XXXVIII, ?
El signo de interregoción quiere expresar una duda. Este signo es lo que mejor indica mi escepticismo ante la falta de una heurística adecuada a los tiempos que corren y que amenazan con no permitir una vuelta atrás y mi asombro ante la falta de sentido. No es la primera vez que en esta serie sobre la falta de relato expreso mi inseguridad, pero llegados a este capítulo L, ésta se hace acuciante pues quizá la idea de relato esté ya obsoleta y sea irrecuperable en un mundo en el que no hay o no vemos, más que performances .
La lengua en pedazos
Hace unos días asistí a la representación de La Lengua en Pedazos la última pieza de Juan Mayorga puesta en escena y dirigida por este mismo joven autor, inteligente y brillante, dos cualidades que no siempre van juntas, y que simultáneamente tiene otra pieza- El Crítico- en la escena madrileña. La Lengua en Pedazos es una recreación y dramatización de El Libro de La Vida de Teresa de Jesús que exhibe un lenguaje bellísimo y fiel, en el buen sentido de esta palabra, al castellano en el que está escrito el original por la mano de esta mujer de acción y mística. La pieza se pone en escena en la sala dos del Teatro Fernán Gómez, un espacio reducido que te proporciona una experiencia diferente a la de una escena distanciada y que te permite concentrarte en el texto y en la actuación de una manera casi reverencial.
Fogonazos XX, el ladrón era yo
Debo una disculpa urbi et orbi. Después de las obras que siguieron a la inundación de la oficina eché en falta el proyector utilizado a veces para ilustrar las presentaciones que inician una tertulia de las que se celebran periódicamente en la FUE. Me dije a mí mismo que deberían haber sido los trabajadores que llevaron a cabo la obra.
Un hurray por el dopaje y la piratería
No sé por qué pero eso del dopaje en el deporte, y estos últimos meses especialmente en el ciclismo, resuena en mi cabeza en la misma longitud de onda que las cortapisas a la libertad y a la gratuidad en la red en relación a la protección de la propiedad intelectual, un asunto este último en el que el presidente de la Academia de Cine incidió el domingo pasado por la noche en su discurso institucional de la gala de los premios Goya. Empecinarse en la defensa del canon digital y en la condena de la violación de la propiedad intelectual como si esta fuera piratería es algo comprensible pues todo lo que vaya a favor del monopolio es bueno para el monopolista; pero que sea comprensible no quiere decir que sea adecuado si contemplamos los intereses de todo el mundo. Hoy nos encontramos ya con modelos de negocio para compartir música, por ejemplo, que permiten a las discográficas vivir, a los artistas seguir creando y al público disfrutar de la cultura, musical en este caso.
Diguem no!
Habría que pensar que no estamos en la misma situación en la que Raimon cantaba la canción que da título a este post y nos emocionábamos con un trocito de libertad. Más de una década transcurrió entre la fecha de esa canción y la Constitución y las canciones de este cantautor nos acompañaron por el arduo camino de la liberación. Es posible que no tengamos que acordarnos que encarcelan a hombres llenos de razón o que se pasa hambre o que la única ley es la sangre, pero la situación presente está tan necesitada de cambio como lo estaba el tardofranquismo.
Boli y servilleta
Provisto de boli y de un cuadernito de servilletas he pasado dos días zascandileando por ahí con tiempos muertos en estaciones y aeropuertos, trenes y aviones, sin duda los mejores lugares para dejar que el pensamiento se piense a sí mismo sin direcciones predeterminadas. Así esperaba yo volver con servilletas hechas cuerpo. En un viejo café lleno de jubilados y jubiladas, seguramente viudas, tomo nota de esta frase sacada de una crítica del FT a la puesta en escena reciente de «Lulú», la ópera resultado de la colaboración de Berg y Wedekind e inquietante visión de una época con el subconsciente al aire.
Fogonazos XIX, Dos días para pensar
He terminado dos piezas, trozos de pensamiento cableado, que todavía deben ser domados, enderezados, para que puedan ser leídos, pero que, a mis efectos, ya están terminados. Lo que resta es pura calderería, lenta, contundente y firme pero aburrida. Por eso me parece un regalo los dos días que tengo por delante, días de aeropuertos y trenes en los que me niego a tabletear y me quedo pasmado mirando a mi alredeor lo que nunca aparecerá ya enmarcado en cualquier relato y lo que no perdura en sí, pero deja huellas en el habla del que mira.