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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Parece que, poco a poco, se me va pasando el malestar general que me ha tenido atontado durante más de dos meses. Retomo por lo tanto mi manía de escribir asiduamente en la esperanza de poder volver a ser un firme bloguero. Comienzo con algo que escribí hace más seis años, eliminando todos los comentarios.
Cambio radical
Mis proyectos intelectuales para este verano han cambiado radicalmente desde que he descubierto a Joël Dickert y he visitado un par de librerías. Me apetece mucho leer y bastante menos escribir. Tal como tenía previsto he releído por enésima vez mis Breves Memorias Falsas de las que hablaba el otro día y me ha parecido que no hay lugar para una ampliación balanceada.
Desaliento
Ayer leí en Babelia, de El País, la intervención de Muñoz Molina sobre el ensayo de Tony Judt titulado Postguerra. En el párrafo inicial este colaborador imprescindible en este periódico nos dice lo siguiente: > ..leer una novela muy buena desmoraliza al que se encuentra en las primeras fases de un empeño que puede no llegar a nada, o quedarse en un logro mediocre. Creo que eso me puede estar pasando a mi en el intento de engordar y mejorar esa continuación de El Síndrome del Capataz que he titulado Conocimiento y Sabiduría.
Extraño entusiasmo
Esta normalidad y el entusiasmo, aunque éste no muy grande tienen algo de misterio pues no parece que en general vayan juntos. La normalidad genera más bien un cierto tedio y el entusiasmo parecería más bien algo ocasional. Sin embargo en este caso de Juan y Machalen es como si en los próximos años se fueran a ver de una forma siempre imprevisible y que esa época de imprevisibilidad se iba alargar mucho más de lo esperado.
¿Cabe la ampliación?
Durante estos días he leído aproximadamente la mitad de Conocimiento y Sabiduría. He hecho no pocas correcciones de todo tipo, pero no he encontrado ninguna ocasión de introducir nuevo párrafos que vinieran a cuento. Ya veremos lo que encuentro en la segunda mitad; pero poco a poco voy resignándome a que el relato será corto.
Vacaciones de escritor
Hoy a mediodía hemos llegado a Foixà y lo primero que he hecho es colocar el ordenador en su sitio. La sorpresa es que, a diferencia de otros veranos, ha funcionado inmediatamente sin necesidad de acceder al técnico correspondiente. Por lo tanto no tengo disculpa y tengo casi mes y medio para completar el primer borrador de otra novela que completa El Síndrome del Capataz cuya 2ª edición está ya disponible en Amazon con una introducción muy inteligente de María Lozano.
Bruselas salva la libertad y me da la vida
Me he encontrado con que la última entrada ha levantado una enorme suspicacia en mucha gente que no se atreve a añadirle un comentario porque creen que estaba anunciando mi muerte, prefieren llamar alguien que me conoce y ellos también conocen para ponerse al día de mi estado de salud. En algunos casos me ha llenado de sorpresa y me parecen que esas personas no distinguen la realidad de la literatura a pesar de los muchos escritos que se centran en la cercanía de la muerte del propio autor y en la manera que tiene de enfocarla. No se cómo actuaré yo en esas circunstancias aunque me estoy empezando a enterar a medida que con la edad mi cuerpo parece adquirir una cierta autonomía para el mal.
¿Ha sido obligada esta última pausa?
En este curso he hecho al menos dos pausas en este blog. Ambas estaban justificadas, creo yo, por circunstancias exteriores, pero esta última que hoy trato de romper, se debe al desarrollo natural de los males de mi rodilla izquierda que me permití hacer públicos en el último post. El músculo y el tendón que describí en aquel post se han puesto realmente tensos y como ambos confluyen en la rodilla ésta está muy dolorida y exporta el exceso de dolor hacia abajo llegando hasta el tobillo y hacia arriba hasta la nalga izquierda.
La rodilla izquierda
Muy a menudo recuerdo una especie de protuberancia que me salió en la parte anterior de la rodilla izquierda al final de mi adolescencia. Yo había sido el más alto de la clase en mi colegio hasta el momento en el que muchos compañeros comenzaron a sobrepasarme, ese momento en el justamente emergió la protuberancia de la que hablo. No me cabía duda de que en cuanto esa anormalidad se me pasara volvería a crecer y yo a recuperar la cabeza de fila de los de mi clase siempre ordenados por altura.