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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Ramón cumplió con la parte del plan que le correspondía y, tal como creía Juan, una vez confesado su intento de hurto fue perdonado por el Patronato del Museo y continuó desempeñando su puesto en la sección de ese museo dedicada a la Educación. Ahora me correspondía a mí cumplir con la mía robando un cuadro de mayor tamaño y de un mayor precio en el mercado correspondiente. Esta, sin embargo, no era una tarea sencilla pues esos cuadros estaban generalmente en el corazón del museo protegido día y noche por agentes policiales especializados.
Dos días de reflexión
Dormí mal y poco (yo Juan) y desperté con bastante angustia. Para no dejarme amilanar decidí repensar mis ideas y, al tiempo, pensé que sería bueno comunicárselas a Marian, a quien tenía a mi lado en el entresuelo de la calle del Doctor Velasco y que era psicológa. Me levanté silenciosamente y, mientras me tomaba una taza de leche con parsimonia, pensé que mis argumentos se reducían a dos: mi desprecio por la propiedad intelectual y el deseo, que nunca me abandona, de hacer algo sonado que me sacara de la mediocridad en la yo creía moverme.
El desencadenamiento
Fue precisamente en una de esas cenitas tempranas cuando, para mi sorpresa, Ramón rompió la costumbre y avisó a las guapas chicas que nos acompañaban que «Juan y yo tenemos algo raro que hacer» y, después de pagar la cuenta, nos despedimos de ellas hasta más ver. Ramón lideró el camino de vuelta al piso alto de la Calle Espalter lentamente y en silencio, silencio que solo rompió una vez dentro de ese su piso noble anunciando de sopetón que tenía un problema serio. Fue una explicación premiosa; pero en resumen, se trataba de que, como ya suponía que yo sospechaba, ese tráfico de cuadros y cuadritos era la ocasión no solo de platicar de arte y filosofía, sino también de hacerse con un dinero que necesitaba a fin de mantener el estilo de vida al que estaba acostumbrado y que yo, dijo, conocía muy bien pues había disfrutado en parte de él.
No, no se veía venir
Me preguntaba hace pocos días si la exasperada vida sexual de este amigo mío se veía venir. No, no se veía venir a pesar de que en los últimos años, y especialmente después de la muerte de sus padres, su vida sexual era, incluso para alguien que como yo no rechaza el placer de cualquier clase, un poco exagerada. Durante no poco tiempo me aproveché de sus facilidades inmobiliarias para pasar muy buenas tardes y noches.
¿Se veía venir?
Nunca imaginé que este amigo acabaría trabajando para el Museo del Prado aunque fuera en esa especie de añadido que era Educación Museoprado , pero sí que era fácil colegir, allá en nuestra juventud temprana, que no seguiría el camino de nuestros compañeros de aquel colegio de niños privilegiados destinados a replicar el oficio profesional de sus mayores. Y lo era porque él nunca se adaptaba a los juegos o formas de estudiar en grupo que practicábamos los demás. Era un solitario que no hacía ningún deporte de equipo y del que no se sabía si estudiaba, porque nunca lo hacía junto con otros.
Horizontes de Grandeza
Hace ya bastantes días topé en algún canal de televisión que no recuerdo ahora con la película de William Wyler, The Big Country , que yo debí ver en español bajo el título de Horizontes de Grandeza pero de la que no recordaba nada en absoluto, olvido éste que me dejó asombrado. Mi asombro parecería ser, por lo tanto, totalmente genuino si notamos que los actores y actrices principales eran bien conocidos: Carroll Baker , Charlton Heston , Gregory Peck y Jean Simmons . Se trata de una red de conflictos en un mundo agrícola y ganadero de Texas.
Mi diminuta planta baja espiritual
Mi irrenunciable deseo de vivir de acuerdo con mi personalidad, sea ésta ya vivida o sea por vivir, me ha llevado a convertir mi amplia vivienda de Madrid en una especie de Torre Eiffel cultural con lo que el espacio que me queda para residir en ella es muy limitado. Ya decía que apenas ocupaba espacio en la planta baja. Ahora trataré de explicar por qué razón ese espacio responde realmente a mi personalidad.
