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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Con el coche estropeado he sentido pereza al tener que acudir en taxi a «mi» universidad para la comida del círculo de amigos de la Carlos III. Y, en poco tiempo, las noticias recientes respecto a la performance de esta Universidad me ha alegrado el día, especialmente cuando, a pesar de la promesa de no hablar del asunto Cifuentes, los escándalos de esa otra universidad del sur que todos conocíamos revaloriza esa performance nuestra. Entre sus mucho éxitos no se ha comentado uno que acababa de ocurrir y que esta mañana ha aparecido en Nada es Gratis.
Epica y Lírica, Aida, Antígona y el nacionalismo
Cabe muy bien comparar y/o enfrentar estas dos obras de arte: una ópera (Aida de Verdi) y una tragedia (Antígona de Sófocles)). Siglos separan una y otra y, mientras la ópera se recrea en la Música, la tragedia usa la palabra poetizada en el original para dotarla de un ritmo que, si bien podríamos designar como musical, es simplemente una forma de ayuda a la declamación y que, al no existir en las versiones actuales, le resta impacto. Pero estas dos obras tienen algo en común: una forma de mezclar la épica y la lírica.
La paz de un hospital
En alguna página de Economía Neoclásica: seducción y verdad, página que ahora no voy a buscar, escribí algo así como que «nadie muere, todos nos suicidamos» queriendo decir quizá, aunque no lo recuerdo muy bien, que cuando ya hemos hecho lo que hemos venido a hacer a este mundo ya no deberíamos tener interés alguno en permanecer en él. Y, aunque no lo pensé hace un par de años, una idea así debía estar detrás de mi conciencia cuando el 14 de septiembre del 2016 escribí un post que titulé Placidez total, en el que me rendía ante la serenidad que me proporcionaba el ambiente de un hospital particular en el que, justamente, me habían operado del corazón tres años antes. Una idea de cómo me sentía la comunica bien la siguiente cita: > Como el departamento es grande hay mucho trasiego de pacientes y el paisaje que conforman está entre siempre nuevo y siempre distinto, como las olas en la orilla del mar un día de calma en el que se puede observar sin interrupción los más pequeños detalles, ninguno relevante para nada.
El terror de un viejo incapaz
En el contexto de la búsqueda necesaria para reunir mis cuentos cortos de los que hablaba en el último post he encontrado Herr Kan camino de la Gola del Ter a la hora de comer. Hemos decidido hacerlo en el restaurante del Hostal Picasso y he tenido la suerte de encontrar una plaza en el parking de esa instalación. No era fácil de aparcar, pero finalmente lo he logrado y de manera que dejaba espacio suficiente para que el vehículo aparcado a la derecha pudiera abrir la puerta del conductor.
Juan Urrutia. Cuentos cortos
Ya en Foixà y esperando la llegada de los nietos me asedia el recuerdo de otros escritos que en tres veranos distintos y en este pueblo del Baix Empordà comencé a escribir y más o menos terminé. Me lo pasé muy bien escribiéndolos, pero nunca soñé en ponerlos juntos en una especie de publicación corta de esas que se llevan ahora y que pondría juntos una versión renovada de los tres. El primero de ellos hacía referencia a una marca de automóvil, el Skoda, que me traía a la cabeza una cierta historia de mis padres cuyo automóvil de esa marca fue requisado por las tropas nacionales con ocasión de su entrada en Bilao en junio del 37.
Vuelta de Israel
Llegué de vuelta de Israel ayer viernes por la noche. Y digo bien Israel porque aunque, como dejé ver en mi anuncio de pausa, yo pensaba en Tierra Santa, muchos lugares del Nuevo Testamento, como Nazaret o Belén han quedado sin ser visitados. Mis compañeros de viaje son más bien del Viejo Testamento y ello sin mucho entusiasmo.
Otra pausa
A principios de año escribí este post transmitiendo que nos íbamos a Tenerife con hijos y nietos y sin ordenador pues no que quería distracciones. Mañana me voy, esta vez solo aunque con amigos de Los Angeles, a Tel Aviv y, otra vez, sin ordenador. Será una semana corta, pero espero que me de tiempo para contemplar muchos de esos lugares de los que tanto he leído y estudiado en mi niñez escolar, de Belén a Nazaret pasando por Jerusalem y Haifa.
Gorrión rojo (Red Sparrow)
Me voy haciendo a la idea de la jubilación y me permito escapadas que todavía se me antojan un tanto disparatadas. Por ejemplo ayer me escapé a media tarde al cine y me fui a ver Gorrión Rojo a un cine cerca de casa. Me sentí como haciendo «pira», pero acabé dándome cuenta que ya no hay esa cosa en mi caso.