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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
La llamada de la tribu es el título del último libro de Mario Vargas Llosa que muy recientemente fue presentado en La Casa de América en Madrid. Se trata de una colección de ensayos sobre sus ensayistas, políticos, filósofos, periodistas o economistas preferidos que le hicieron el camino que le llevó desde una juventud marxistoide hasta una madurez digamos que liberal. Para alguien que, como yo, no es mucho más joven que él, el camino es conocido aunque comenzó menos radical y terminó o va a terminar menos liberal que el de D.
¿Deshaciéndome de mis recuerdos?
Hace algo más de un año abandoné la sede en Madrid de la Fundación Urrutia Elejalde (FUE) en donde había recalado bastantes años antes con todas mis pertenencias académicas y en donde fui acumulando adicional material intelectual. La abandoné porque el alquiler era ya muy alto para la FUE y para mi. Para liberar el espacio para dejar el local en manos de sus propietarios tuve que cargar todas las pertenencias en cajas de cartón enormes, de esas que usan los hipermercados para enviarte la compra semanal a tu domicilio.
Recuerdos de otros tiempos
La lluvia de estos días, que ha seguido a la nieve, me ha traído a la memoria la lluvia bilbaína de mi infancia, adolescencia y juventud de la que nos protegíamos con gabardina y paraguas si había que salir, al colegio por ejemplo; pero de la que disfrutábamos precisamente no saliendo si era posible y gastando nuestro tiempo en esas lecturas que nos inyectaron para siempre el gusto por los libros y la sensación de seguridad al ver llover desde cualquier ventana y, sin embargo, sentirte protegido y disponible para los sueños. Son algunos de esos sueños que, en forma de recuerdos, me consuelan estos días bilbainos en Madrid. Estoy casi seguro que en otros posts habré escrito de esos recuerdos y de personas que me mimaban las tardes tristes.
Gentrification, ¿la agonía del churro?
Entre los mucho anglicismos que se cuelan en el idioma que se habla todavía en España, hace ya tiempo que me llama la atención el de gentrificación pues me parece que existen sinónimos adecuados como los de señoritismo o aburguesamiento que lo hacen innecesario. No es lo mismo que lo de Brunch pues todavía no conozco ninguna palabra que reúna adecuadamente en castellano lo de desayuno y comida. O, por lo menos, no me suena bien lo de desalmuerzo o desalzo que podrían referirse a lo mismo.
Soberanía, Verdad y Big-Bang
Las ventajas de no tirar nada o, en todo caso, guardar lo pensado como dispensable en una gran caja de cartón que en años se convierte en varias, es que el contenido de estas cajas nos proporciona el placer de revisar lo que un día nos interesó. Esto es lo que me ha pasado hace unos días con la traducción al inglés en el 2005 de un libro de Karl Schmitt publicado originalmente en 1922, en plena República de Weimar. Lo compré en la Librería Garignani en París, en plena rue de Rivoli , una librería que presume de ser el primer negocio de libros en inglés establecida en el continente.
El Paseo de las Delicias
Me pregunto por qué disfruto tanto recorriéndo a pie el Paseo de las Delicias desde la Glorieta de Carlos V en Atocha hasta la entrada del Matadero en la Plaza de Legazpi. Ya dije algo al respecto en un pasado no muy lejano cuando traté de sentir que, incluso en Madrid, puedo disfrutar de un edificio norteño que, como tal, me recuerda a esa Ciudad mía que nunca podré quitarme de la cabeza. A la edad que ya he alcanzado, ese deambular que tanto me gusta es ya difícil de llevar a cabo con la cabeza vacía a fin de hacer sitio para novedades; pero todavía hay en mi mente un reservado de emergencia para acumular conocimientos que contribuyan a la sabiduría que persigo que no puede evitar pasar por ciertos recuerdos.
La Goulue otra vez
Tengo el recuerdo vago de que hace años escribí en este blog bastantes posts sobre una pequeña agenda de notas muchos de cuyos ejemplares había afanado yo en un restaurante de New York y que me sirvieron para iniciarme en la toma de notas rápidas para luego meditar sobre ellas. El restaurante se llamaba La Goulue, en referencia a esta bailarina un tanto descarada de la belle epoche , y este es el nombre que aparecía en la tapa de esa pequeña agendita. De hecho durante años he viajado con ella y las notas tomadas en ella están debajo de no pocos posts, como este, por ejemplo.
«Arrebatados por el cambio»
Quizá me equivoque pero tengo la sensación de que no hace mucho en este blog explicaba que estaba tratando de recuperar todos mis escritos que no merecen estar en mi C.V. académico pero que forman parte de mi «obra». Voy trayendo a casa las cajas en las que cargué todos los papeles que ocupaban la FUE en la calle Fortuny y acumulé en Global Box a donde acudo de vez en cuando para ir vaciando la celda en que yacen todos ellos.