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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Incluso antes de plantearme lo que he dado en llamar mi obra póstuma, he pensado a menudo cómo sería mi vida como escritor, o quizá solo como un simple publicista, si la practicara aisladamente como no pocos intelectuales que he leído con cuidado, como muchos de ellos, bien conocidos, que se dedicaron a la práctica del caminar o como filósofos «distintos» al estilo Nietsche. Esa pregunta me ha perseguido los últimos 20 años durante mis estancias en Foixà donde he escrito todo o parte de mis últimas obras publicadas en Kindle; pero ahora se plantea como una cuestión crucial, al comenzar mi obra póstuma que será publicada después de morir a instancias de amigos realmente fieles y que habrá de diferenciarse de mis publicaciones anteriores por su planteamiento de mi verdad y por su independencia de obras de un entorno como éste en el que surgen no pocos autores . Mi estancia veraniega no durará mucho más y no pienso que haya servido para juzgar la potencia de mi soledad, ya que este año ha sido mucho más comunal, rodeado como nunca por pareja, hijos y nietos además de por los amigos de todos lo años.
¿Cobardía o ego?
Hace más de 50 años fui arrastrado por buenos amigos a una reunión de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) que se celebraba en Pamplona durante dos o tres días y que presidía y conducía un encendido revolucionario, quien con su entusiasmo y facilidad de palabra nos invitaba a todos a hacer la revolución social. Todavía recuerdo el descreído calor con el que me dejé conducir por un amigo que ya tenía carnet y que contrastaba con el entusiasmo cuasi incontrolable con el que mis compañeros accedían a ese acontecimiento en un momento crucial de nuestra vidas coincidente con la caída, todavía lenta, del régimen franquista. Mi frialdad revolucionaria se animó no poco cuando, todos juntos, aprendimos a cantar un himno que nunca olvidaré: > En marcha hermanos al combate se acerca la revolución en marcha sin que nadie trate de ser cobarde o ser traidor.
El trastero
Hace ya unos cuantos años que introduje todos mis documentos profesionales en varias cajas de cartón, de esas de supermercado, y me deshice de ellas temporalmente colocándolas en un trastero a la espera de revisarlas en su momento. Esperaba que esa revisión me hiciera ver los caminos que se abrían ante un jubilado con un pasado muy variado; pero ha pasado el tiempo y ahora siento que el examen de los sentimientos ocultos en esos documentos no son mi primera preocupación dado que no pretendo reconstruir mi pasado, sino más bien destruirlo, a fin de, una vez por todas, dirigir ex novo un futuro en el que encerrarme todos los años que me queden de vida. No se trata tanto de recordar todas las intenciones que han desfilado por mi vida; sino más bien de ser capaz de detectar, en caso de que exista, una visión propia que se haya ido proyectando en esas intenciones variadas en las que se ha ido plasmando.
Menorca/Esalen
Acabamos de pasar unos diez días en la isla de Menorca, en la que no habíamos estado desde hace como treinta años, cuando solíamos pasar parte del verano allí. Implícitamente llegué con el recuerdo de la excitación sexual que me proporcionaban aquellas playas pobladas de mujeres semidesnudas. Y por ello me produjo un gran bajón notar que las formas de cuerpo excitantes de ayer ya no me producían sorpresa alguna y, mucho menos, excitación.
Operacion de párpados
Me pongo a escarbar en mi agenda de papel, a la que no renuncio, en busca de no recuerdo qué y me topo con el aviso para el 17 de septiembre de un preoperatorio para en tres días, el 20, someterme a una operación de párpados ya que, como se me caen, debilitan mi mirada. Antes veía con claridad todos los detalles, por pequeños que fueran, en un amplio campo de visión de 180 grados. Poco a poco se emborronó mi visión y su ángulo se estrechó hasta que hoy creo que no llega ni a la mitad.
Menudencias 4, Zapato de tacón y hoja de afeitar
En mis paseos alrededor de nuestra casa durante la pandemia, con los que pretendía conjugar la exigencia médica de caminar con la imprudencia de no usar mascarilla, encontraba varias veces al día dos manchas de chicle pegadas al suelo con la forma de dos figuras claras, la de un zapato de tacón alto muy sexy y, subiendo por las escaleras del jardín a la casa, una imagen de un hoja de afeitar de aquellas antiguas que llamábamos gillets aparentemente nada sexy; pero que complementaba al zapato en un recuerdo de figuras o actividades rutinarias que conjuntamente resultaban sexualmente muy atractivas. Menudencias 4, Zapato de tacón y hoja de afeitar desarrolla la idea principal. Menudencias 4, Zapato de tacón y hoja de afeitar analiza implicaciones y ejemplos.
Dos cicatrices
Una de esas cicatrices es el resultado de pasearme con 6 años por el borde del jardín del lehendakari Aguirre en San Ignacio (Guecho)y resbalarme clavándome un hierro en mi rodilla Izquierda. Los cuidados posteriores fueron tan agradables que me queda un recuerdo estupendo como de héroe o así. La otra es el resultado de la necesidad médica para permitir que la sangre fluyera durante la operación de corazón a efectos de paliar el infarto setenta años más tarde.
Mi periodo crítico
Al final del segundo tramo académico o quizá un poco antes comenzó lo que podría llamar mi período critico. Unos años llenos de acontecimientos inesperados y de muy distinta naturaleza pero que contribuyeron, todos ellos, a mi abandono de la actividad académica. Incluyo aquí los años que estuve ocupando la presidencia del Comité de Redacción del periódico Expansión.